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2014-11-11

La Leyenda de Eneko Tellagorri. II Zortziak Bat


http://www.mecenarts.com/oeuvre-cunilingus-49-579.htm
Con diecinueve años recién cumplidos, Eneko decidió abandonar, sin motivo alguno aparente los estudios, o eso fue al menos lo que fueron pregonando los miembros de su familia por la aldea; aunque unos dicen que si fue por continuar con la tradición ovina y láctea de la familia y otros, los más íntimos y escasos en cambio, creemos que algo sucedió entre Eneko y aquella profesora de francés que le dio clases durante aquel curso. Pero eso será más adelante.

Como decía, Eneko Tellagorri dejó los estudios, seamos claros, por lo sucedido con la profesora de frances. Después continuó perfeccionando su habilidad para el cunilingus, a la vez que ayudaba en el caserio con el pastoreo de las ovejas y en la venta a domicilio del queso que producía su familia y que tan buena fama llego a tener en la región por aquella época.

Durante aquellos días, se repetían sus visitas a la casa de las primas Zazpilanda, hasta cuatro y cinco veces por semana.
Mirentxu lo tenía todo siempre muy bien organizado, de tal manera que al anochecer, cuando todos en la casa descansaban en sus aposentos, ella dejaba abierta la puerta trasera del caserio, la de acceso a la leñera y encendía una vela sobre el alfeizar de la ventana como señal de paso libre para el muchacho.

A las nueve en punto, Eneko entra por la puerta  y tras atravesar la cocina, subir catorce escalones y cruzar un corto corredor apenas iluminado, accede silencioso a la habitación de Ane.

Una imponente cama armada en madera, vestida con seda color plata y salpicada de cojines y otros trapos, preside el centro; rodeándola, tres biombos cuyas seis caras, forradas de espejo, reflejan desde todos los ángulos lo que sucede sobre la cama. 
Desde un gran ventanal abierto de par en par, llega el frescor a hierba de las campas próximas al caserío, haciendo temblar las llamitas de las múltiples velas que iluminan, amarilleándo por completo, la estancia.
Hay otro gran espejo en el techo, sobre la cama y junto a esta, una bañera de hierro fundido y grifería dorada. Un armario de cuatro puertas en madera y un pequeño tocador completan la decoración junto a dos estatuas esculpidas en mármol a tamaño natural de dos soldados griegos castrados, a ambos lados de la puerta.

A las nueve y tres minutos, Ane y Mirentxu desnudan ya a Eneko.

–Has tardado demasiado en llegar hoy chico malo y deberemos castigarte como mereces, ¿verdad Ane?

–Por supuesto prima, Eneko ha sido muy malo. Mira como nos tienes, chico malo. – Asiente Ane mientras camina en circulo, muy despacio al rededor de Eneko, estudiando el lugar exacto donde hincarle los dientes.

Mirentxu coge entonces uno de los muchos pañuelos de seda que hay sobre la cama y tras indicarle a Eneko que alce los brazos, sujeta ambas manos a la anilla de la gruesa cadena que cuelga del techo.

–Tocarás y nos follarás cuando nosotras te digamos y ni se te ocurra sacar tu juguetito o aquí mismo lo pierdes. ¿Me has entendido? –y azota a Eneko en la nalga con su fusta.

Aumenta el volumen de su pene, a la vez que la presión en el interior de su boca va haciéndose más palpable contra la parte trasera de sus incisivos.
Ellas muerden y pellizcan sus pezones y también entre ellas mismas.
Por momentos se alejan de Eneko y se acarician mutuamente, entre jadeos y risas, como cuando están solas y se muerden los labios.
Y es que ya por entonces, ambas saben lo que más le gusta a Eneko y se exhiben ante él, le mordisquean como roedores entre sus muslos y sobre el pubis hasta que, dado el tamaño que el pene de Eneko adquiere, una de ellas, Ane, hace los honores metiéndoselo por completo en la boca.
Eneko no puede por más que cerrar los ojos y dejarse hacer allí mismo, apenas a cuatro pasos de haber cruzado la puerta. Ha conseguido controlar su lengua, hasta el punto de decidir cuándo sacarla y cuándo no, por mucho que esta empuje.

–Despacio glotona. –Aconseja Mirentxu a Ane, mientras juguetea con los testículos de Eneko entre sus uñas, a la vez que mete uno o dos de sus dedos en su vagina –No vayas a comértelo todo, deja algo para tu prima mayor.

Luego se turnan y mientras Mirentxu ensaliba el pene de Eneko, es Ane la que mordisquea y lame el culo de su prima. Hasta que esta, tras una seña de Mirentxu se ofrece de a cuatro sobre la cama o tumbada con las piernas y el sexo abiertos para que, una vez desatado y como potro salvaje, Eneko la embista con furia mientras comienza a desplegar desde su boca, centimetro a centimetro y hasta un total de treinta y cinco, aquella lengua con apariencia fálica con la que Mirentxu se golpea el clítoris y la vulva primero, para tras hundirla por completo en su sexo y  sacudirla en su interior, haciéndola entrar y salir violentamente, correrse varias veces, mojando por completo las sábanas de seda plateadas y a sus dos compañeros de trío.
Pasan las horas, saboreándose, fornican deshinibidos experimentando todas las combinaciones posibles entre ellos, para al final y una vez que las dos jovenes primas quedan acostadas sobre la cama, experimentar lo que denominan el “Zortziak bat”, o lo que viene a ser lo mismo, “Los ocho en uno”.

El “Zortziak bat”, era en sí, la técnica por la cual, Eneko pasaba la punta de su lengua sobre determinada zona erógena, normalmente localizada en el clítoris y que consistía en el trazo de una estrella de ocho puntas, de forma muy rápida y repartiendo presión de forma estratégica sobre cada una de las ocho terminaciones de dicha estrella.
El movimiento venía a durar tres o cuatro segundos y el orgasmo estaba garantizado. Una noche, Mirentxu llegó a pedir cinco de forma consecutiva y tuvieron que reanimarla entre Ane y Eneko echándole un balde de agua sobre su cabeza ya que había perdido por completo el conocimiento.

Pasada la media noche, era cuando Eneko regresaba a su caserio y trepando por la bajante de zinc próxima a la ventana de su habitación, accedía a la misma sin levantar sospechas entre su familia.
La verdad es que todo iba de maravilla. Disfrutaba de buen sexo a la vez que desarrollaba y mejoraba su técnica con el cunilingus y además, tenía la sensación de que las chicas del pueblo e incluso de la comarca, empezaban a fijarse en él. Bueno, las chicas, las madres de las chicas e incluso las abuelas de las chicas.
Y todo a raiz de aquel curso de frances que comenzaron a impartir en su colegio. Puede decirse que fue a partir de entonces, que comenzó a forjarse la leyenda de Eneko Tellagorri y su Zortziak bat.
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Los nombres de personas y de lugares que aparecen en este relato son todos ficticios, cualquier semejanza o parecido con la realidad, es puta casualidad, la verdad sea dicha.

 M.B.14


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2014-10-18

La leyenda de Eneko Tellagorri.

  

Sí es cierto, ni la naturaleza, ni la propia genética adquirida, habían dotado a Eneko Tellagorri de alguno de los encantos que a otros muchachos les sirven para llamar la atención de las chicas o para al menos, merecer más de dos o tres segundos de atención por parte de alguna de ellas; quizás tampoco su dialéctica ni su oratoria, un tanto rudas y desordenadas, lograsen encandilarlas más allá de la clásica atención por pura compasión.
Pero sea como fuere, Eneko Tellagorri había logrado desarrollar, tal vez por instinto de supervivencia de la propia especi, por puro gusto o por vicio, una habilidad muy especial con la lengua, un poder propio del mismísimo Eros.

  A la edad de diez años, y mientras otros niños de su misma edad jugaban al fútbol o emulaban ser Indiana Jones, Eneko Tellagorri se pasaba horas y horas abstraído en la lectura de unos libros de temática sexual que halló en el desván de su casa.
Allí pasaba sus horas libres, maravillado por todo lo que en ellos descubría y en concreto por el sexo de la mujer, comenzando a confeccionar dibujos, esquemas y análisis en base a lo que leía.
Pero fueron sobre todo, la práctica y la experiencia que le reportaron sus cada vez más habituales escarceos con Ane y Mirentxu Zazpilanda, dos primas, vecinas de la casa en la que vivía, las que más influyeron en el aprendizaje y desarrollo de aquella habilidad.

–Con nosotras vas a saber lo que es bueno chaval –Le había vaticinado Ane el día que sorprendió a Eneko por la espalda mientras él dibujaba una vulva perfecta –¿Has probado ya alguna, txiki?
  Acto seguido, y antes de que el joven, dos años menor que ella, pudiese responder, se levantó la falda dejando su rasurado sexo a la altura de los atónitos ojos de Eneko.

–No... ¿no usas bragas? –Con la boca semiabierta y sin perder detalle de lo que tenía a escasos diez centímetros de su boca, aquello fue lo único que alcanzó a responder, después, todo ocurriría muy deprisa.

–No, ni Mirentxu, ni yo las usamos. Así está siempre fresco, ¿te llega lo fresco que lo tengo?

Y ocurrió. Cuando Ane adelantó su cadera para acercar su sexo aún más a Eneko, de la boca de éste surgió, como con vida propia y enérgica, su lengua, golpeando con violencia y quedando apoyada contra los despejados labios de la chica, los cuales, ya comenzaban a sentir su propia humedad.

–¡Joder!, ¿Que ostias tienes ahí, chaval?

  Una lengua inusualmente larga, gruesa y dura pero fantásticamente flexible, capaz de moverse como una serpiente, asomaba por la boca de Eneko.
Convulsa y excitada aunque también un poco asustada, Ane se bajo la falda y tras apartarse de Eneko tres pasos, pese a la flojera de piernas que comenzaba a sentir, salió a la carrera de la habitación de Eneko, tropezando en la puerta con el padre de este.

–Egunon Ane. Agur Ane.*
  Eneko, ¿que cojones le has hecho a la chavala?

Esa fue la primera vez. Ane se lo contó a su prima Mirentxu, quien la hizo jurar que nada contaría sobre aquello, mientras la desnudaba delicadamente.

–Será nuestro juguete moldeado a nuestro gusto. Apenas hay hombres en la comarca e incluso tú podrías casarte con él. Su familia tiene tierras y producen el mejor queso de la zona. Yo me conformaría con alguna que otra visita. –Y se besaron.

Así comenzó una relación a tres bandas que hizo posible que tras dejar atrás la pubertad, Eneko Tellagorri fuese ya capaz de hacer estremecer por completo el cuerpo de una mujer con tan solo rozar la punta de su lengua, apenas en medio centímetro cuadrado, sobre el lugar exacto.
Se comentaba en el pueblo, que solo con ella y en una sola noche, Eneko Tellagorri habría conseguido arrancarle siete orgasmos a Bixenta, la joven viuda que habitaba en la casa situada en lo alto de la colina y que los gritos y jadeos de esta, habían podido escucharse incluso desde el pueblo de al lado, Ibaia, situado a dos kilómetros de Gorriaran.

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Los nombres de personas y de lugares que aparecen en este relato son todos ficticios, cualquier semejanza o parecido con la realidad, es puta casualidad, de verdad.

*Buenos días Ane. Adiós Ane.

M.B.14





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