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2014-03-10

Escape. La Sra Pecker. I


Y entonces va y amanece, tan de repente como de costumbre, sin previo aviso.
El sol aún despeinado, bosteza sobre el ondulado peluquín de color rojizo que es el tejado de la casa que adivino entre las rendijas de la persiana. A través de ellas, la luz entra difuminando toda la estancia con pálidos colores ahumados.

Aparece el mismo decorado de la habitación de alquiler que me ha rodeado estos últimos dos meses. Ropa acumulada sobre una silla, la abarrotada mesa del escritorio en estado 
permanente de caos y desorden, el teléfono móvil destripado en el suelo junto a la cama que hace suponer que hubo un momento en el cual, me quedé dormido. Fotografías, libros y el resto de todo cuanto creo aún es mío, almacenado al libre albedrío en varias cajas de cartón y un par de maletas.

Mis ojos se adaptan a la luz a manotazos, mientras, espero a que la erección clásica de primera hora de la mañana, desaparezca para poder orinar en condiciones más seguras.
Pasa pronto. Debido a mi costumbre de dormir sin pijama, en cuestión de escasos dos minutos, el contraste térmico sosiega ese ánimo, tan envalentonado como inoportuno.
Salgo al pasillo en dirección al cuarto de baño. Bostezo y enciendo la luz. Esta no avisa de su llegada, pulso y al momento estoy cegado por su repentina intensidad. 
Aguardo a que se esfume la galaxia formada ante mis afilados ojos para de seguido, y un tanto apremiado ya, dirigir el caudal dentro del diámetro del urinario. Bostezo y en ese mismo momento empiezo a sentirme en paz con el mundo.

Mientras, una bolita de papel flota en la superficie del sanitario. "A hundir el barco" llamábamos a ese juego.

Lanzo un fugaz vistazo al espejo y me exploro el gesto muy por encima, más que nada para cerciorarme de que todo sigue en el mismo sitio, ya que en realidad no me apetece lo más mínimo encontrarme de frente conmigo mismo, y menos a las siete de la mañana. 

Pronto me reconcilio. Mientras me ducho, me veo animado a masturbarme por la aparición en mi inconsciente de la imagen de las magníficas tetas de la Sra Pecker, mi actual casera.
Sexo violento y rápido. Sexo de monta y doma, de caricias ensalivadas y expresiones clandestinas. Así imagino en ocasiones que debe ser echar un polvo con la Sra Pecker.




La sitúo ahora mismo al otro lado de esta pared, sobre su cama, tumbada de costado, sin nada encima que cubra su piel,  y con una de sus manos hundiéndose a sacudidas entre sus piernas separadas, mientras dos de los dedos de su otra mano, pellizcan con rabia su pezón derecho. Trata de acallar sus gemidos, pero incluso creo poder escuchar su agitada respiración. 
Cierro los ojos e instintivamente aumento el ritmo. Logro imaginarme delante de ella, acostada y masajeándose lasciva a la espera de su premio. Crece la presión de mi mano alrededor del pene, de manera especial al desplazarse sobre el embravecido glande. Se tensa todo mi brazo primero y el resto de mi cuerpo después. Siento mi semen fluir caliente y acumularse. Presiona. Aún lo retengo durante unas sacudidas más, hasta el momento preciso. Ya.
Contengo como puedo la respiración y suelto mi cuerpo en cuatro sacudidas descomunales bajo la lluvia artificial de agua y vapor caliente. Muerdo mis labios, pero se me escapa el placer en un gemido y dos bufidos, quedando apoyado contra el frío azulejo.

Vuelvo a mi habitación. Comienzo a vestirme y tras enfundarme en el pantalón vaquero, abro la ventana para comprobar la temperatura en el exterior. Aún es temprano y hace fresco, pero creo que con una camiseta de manga corta será suficiente e iré más cómodo cuando aumente la temperatura.

Es sábado y he decidido ocultarme durante los cinco días libres de los que dispongo, en alguno de los montes cercanos que rodean la ciudad. 
Lo básico; una mochila con algo de ropa de repuesto y abrigo, tabaco, varias latas de conservas, papel higiénico y el saco de dormir. La libreta donde anoto mis atropellos mentales también se viene.

Acudo a la cocina dispuesto a prepararme café. La luz está encendida; parece que la Sra Pecker también ha decidido madrugar hoy. O eso, o la desperté en algún momento.

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M.B.14