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2013-08-08

Soltando Amarras...

Me levanté como realmente pude de aquel precioso sueño en el que aquel potente cigarrito me había sumergido, y me sorprendí a mí mismo, con la babilla asomando ya por una de las comisuras de mi boca, justo por la del lado hacia donde había quedado ladeada mi cabeza.
Sobra decir, que el dolor de cuello era espantoso, y que me costó devolverlo a su verticalidad, oniricamente perdida. 
Los mofletes de mis posaderas también exigían su necesaria circulación sanguinea por ellos, así que me incorporé como pude y tras hacer unos pocos ejercicios de reanimación de las adormecidas articulaciones, me dispuse a reemprender la travesía por aquel bosque.

- A ver....brújula, sí,  palito sí,  tabaco y mechero también, papel... ostia !!!.... 

Sólo me quedaba un papelillo de liar. Siempre me ocurría lo mismo. Nunca he sido previsor en ese aspecto, pero la verdad sea dicha, no era algo que me llegase a preocupar.

Fuí repasando todo lo que debía recoger, para no olvidarme de nada. Recogí hasta el último residuo generado, en la fabricación del porro, y seguido , caminé.
Cuanto más caminaba, siempre en dirección noroeste, más espeso y oscuro se tornaba aquel bosque,  no se veía por ningún lado atisbo de que clarease señalando su final. Ni siquiera el sol, y mucho menos su luz diurna, osaban atravesar el follaje tan tupido de aquellos árboles.
Me sacudió un escalofrío de cierto nerviosismo... o miedo si preferís. Tenía la sensación de estar adentrándome en algún lugar, que, por el motivo que fuese, no era el aconsejado para andar en solitario.
Llegó un punto, en que la oscuridad era tal, que hube de echar mano del foco frontal, incomodo a más no poder, pero en ese momento necesario si no quería dejar los dientes contra una roca al caerme, o peor aún, producirme algún tipo de lesión que me impidiese salir de allí.
La brújula parecía funcionar perfectamente, aún así, y pensando que algo le sucedería y que por ello quizá, estuviese dando palos de ciego sobre el terreno, recurrí a los típicos golpecitos en su esfera de cristal con la punta de mi dedo índice...

-Toc toc toc..... No jodas y dime la verdad amiga...Si no lo haces, aquí vagaré el resto de mi vida, pero a tí te estampo antes contra la primera piedra que vea...

Estaba cayendo la tarde por mi reloj... 

- Aunque anocheciese, tampoco lo notaría aquí dentro...

Me dije con cierto temor de pasar más tiempo que el conveniente en aquel bosque.
De repente, un sonido del que no conseguía distinguir ni su procedencia geografica, ni quién o qué era lo que lo producía, llamó mi atención.
Me encaminaba hacia el lugar desde donde yo pensaba que provenía, pero al acercarme, y cuando más audible era su sonido, cambiaba bruscamente de procedencia... haciéndome girar 180º, sobre el lugar al que casi de puntillas me había acercado. Me quité la mochila , apoyándola junto a un árbol, y saqué mi cuchillo de submarinista...
Mis pies, practicamente intentaba suspenderlos en el aire, 
emitían aún así excesivo ruido cada vez que apoyaban en el suelo.
 Demasiadas ramitas y vegetación,  que hacían imposible acallarlos. Apagué la frontal, y por fín, conseguí en cinco certeros y silenciosos pasos acercarme al asombroso origen... o mejor lo definiría aún, al fantástico origen de tal sonido...

De color blanco plata...Crin alisada, suspendida del aire con cada leve movimiento de su cabeza, o si acaso con la más mínima ráfaga de viento que de entre los árboles le llegaba a acariciar.
Movía sus vivas orejas con cada bocanada de aire que yo respiraba... y supe perfectamente que en ese momento, ya me tenía localizado...
 Lo supe cuando al mirarme de reojo, y como quien no quiere la cosa, me guiño. o eso me pareció o quise pensar yo, uno de sus ojos turquesa de pupilas brillantes como la luna...
Bebía agua de una charca de agua limpia y transparente, filtrada através de las miles de hojas que en su caida desde las nubes, había tenido que sortear en forma de gotas, patinando de una a otra hasta alcanzar el suelo mullido por el verde manto de hojas, hierbas y musgo.
Fuerte y asentado en sus cuatro poderosas patas de caballo de carreras...
Y lo más fantástico de todo aquel ejemplar, y que hizo que pestañease hasta siete veces seguidas, y llegase por unos instantes a dudar de mi equilibrio mental....
Un hermoso y purpureo cuerno cilíndrico añil, emergía de su frente, sobre el cento de sus ojos, en espiral de colores y brillos sin igual... 

Sí, me había fumado un canuto. Vale, la luz no era quizá la adecuada ni la visibilidad buena.
 De acueeeerdo, a lo largo de lo que va de historia he entrado en varios lapsus de recuerdos---
Pero aquello que yo estaba viendo , y que me miraba tan dulcemente, era....
un unicornio !

M.B2013




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