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2013-08-02

Soltando amarras... Un cangrejo escocès.

La espuma blanca, en la que por segundos se transformaba el agua violentada  en su beso contra la roca, hacía que por un instante, el Cascarón flotase sobre las miles de burbujas 
que en tan apasionado beso se formaban.
Y así fué que me fuí acercando poco a poco hacia una cala,
por llamarlo de alguna forma, de rocas más planas que entraban en forma de lenguas en el mar.
Veía ya, aunque minimamente por la hora, el fondo empedrado de roca, y aprovechando un mínimo descanso en las embestídas del agua, salté del Cascarón.
Apenas llegaba a mojarme un palmo por encima de la cintura. 
El ímpetu con el que el agua empujaba al Cascarón contra mí, hizo que me trastavillase,
 y cayese hacia atrás pasando parte de la embarcación sobre mí, 
que me hallaba sumergido por completo y tumbado sobre la roca.
Por suerte no quedé atrapado, y empujando contra el casco del Cascarón con ambas manos, logré salir de debajo de él. 
Mi boca ya semiabierta, buscaba ya desesperadamente la superficie para aspirar oxigeno al fin, pero nada más conseguir su objetivo, una maliciosa ola escondida esperando ese momento oportuno.... o eso me pareció a mí, se avalanzó sobre mí, llenando no solo la boca...
Tras las toses y arcadas pretendiendo devolver al mar lo que del mar era, agarre de nuevo el Cascarón y lo adentre como pude  hacia la parte trasera de una gran roca, protegido así del oleaje. 
Una vez recuperado del esfuerzo a pie del barco, de cuclillas, como me gusta hacerlo,
 quizá imitando al Loco Bielsa... ; 
 pude por fin tomar conciencia de lo logrado, de aquella lucha y de lo conseguido hasta el momento. No sabía exactamente donde estaba, eso era lo de menos. Estaba a salvo...
y no tenía con quién celebrar en ese momento mi alegría....

...La gente que paseaba por aquella  zona ya se había comenzado a arremolinar por el discurrir del camino, y sobre todo en la cima del barranco, junto a su aita, indicándole el mejor trazado por el que subir. 
Se veía incapaz de dar un paso más, y las lágrimas habían hecho ya su presencia recorriendo sus sonrojadas mejillas.... 
- Txiki, tranquilo, mirame. Tranquilízate y mírame. No pasará nada, hazme caso. Quitaté la mochila y déjala ahí mismo...

- Noo !!!... La mochila noo!!...- Consiguió decir entre llantos...

- Está bien, Txiki hacia tu derecha hay un a zona de roca firme más segura, poco a poco vé hacia allí. Yo intentaré bajar por esa misma zona y allí te recojo. Vaa!!

Sentía el calor de la sangre manando de sus rodillas y codos. Y para colmo, la espina de un zarzal que había agarrado para sostenerse, se le había quedado clavado en la membrana de piel entre los dedos pulgar e índice...
Calmo el llanto tras atender a su aita en las explicaciones, se calzó fuertemente la mochila a la espalda, caló hacia atrás su visera, y se dirigió a la zona fijada para encontrarse con él....
Había rabia en cada pisada, respiraba bravo y con el ceño fruncido, no le dolía nada, y ya se veía cerca de su meta, a la vez que veía como su aita hacía lo mismo para llegar....
Pudo notar el cuerpo tembloroso y tenso de su hijo al abrazarle, notar su respiración alterada y el latir desbocado de su corazón... Todo eso en ese abrazo.
Así permanecieron unos segundos, mientras se oían voces y soplidos de alivio entre los transeuntes que lo habían seguido todo desde el principio, y de los curiosos recien incorporados... 

Solo son 10 segundos..... ....
3....2....1.... Pasó.

Allí no había posibilidad de abrazarse a su aita, ni a nadie. Tan solo un cangrejo sobre una roca, parecía mirarle sin ponerle mucha atención... 
-Uhhh!!!....  jhjahjhaaa
El cangrejo se escapa entre las rocas al aproximarme e intentar asustarle.
Dentro de poco anochecerá, y no es buena idea intentar superar este acantilado en plena noche. Por otro lado, empiezo a sentir extrañamente húmeda mi espalda, húmeda y caliente, al igual que la pierna. No consigo verme la espalda, pero sí la pierna.
Un profundo corte, aún sangrante de unos 10 cmts de longitud aparece de arriba a abajo o de abajo a lo largo del gemelo de la pierna derecha. Me agacho junto a una charca y procedo a despejar de sangre la zona. Es un corte delicado. Deberé prestarle atención una vez me sitúe para pasar la noche....

B.M2013