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2013-08-04

Soltando amarras.... Verde que te quiero verde.


Desperté, como era de esperar, con el diario revuelto en sus hojas, y el bolígrafo fuertemente agarrado por mi mano. Me había quedado dormido, tan solo un párrafo escrito.
  La claridad del día y ese viento inagotable que ya soplaba de noche, sacudió el toldo haciendo que las gotas de agua que aún quedaban recogidas en él, cayesen en parte sobre mi cara.
Tenía la espalda dolorida, y la camiseta con la que me había acostado,
 se había pegado a mi piel, usando la sangre seca como adhesivo.
Estaba completamente manchada de sangre, trazando y dejando, como si de un dibujo impreso en ella se tratara, cada uno de los siete arañazos que al parecer tenía marcados en mi espalda. 
Tomé la decisión de darme un baño en el mar, a tan temprana hora me espabilaría. 
Para luego ya recomponer el vendaje de la pierna, organizar la mochila, y una vez camuflado el Cascarón, trepar por el acantilado y buscar un pueblo cercano.
Así pues, preparé de nuevo el fuego, con lo poco que me quedaba de carbón y los dos últimos troncos, y me fui al agua mientras se bajaban un poco las llamas.
Era extraño todo, ni un solo ruido de nada... Ni de coches, ni un avión, ni un barco... Era domingo, pero algo de movimiento, podría sentirse..... pensé.
Salí del agua tiritando por el frío, temblaba, y prueba del frío era que mis testículos se habían recogido hacia dentro, buscando quizá, el calor del interior de mi cuerpo.
LLegué tan rápido como pude a la roca, y me sequé con una toalla, junto al fuego.
Ya vestido convenientemente, me dispuse a calentar café, y saque de la mochila una barrita de chocolate y una naranja.
Me senté a observar el mapa mientras desayunaba, aún desconocía mi posición exacta, pero, el no haber encontrado un puerto, me hizo pensar que no estaba tan cerca de mi objetivo como pensaba, y hasta no escalar aquella mole, no tendría conocimiento de mi situación real.
Recogí todo y lo que no necesitaría, lo translade al Cascarón, quedando este tapado por ramas de los árboles que rodeaban la roca.
Apagué el fuego con el agua sobrante de fregar todos los trastos de la cena, y me acomodé la pequeña mochila de cuadros escoceses. 
Calé mi gorra para que el viento no se la llevase y emprendí la ascensión.
El dolor en la espalda, debido al continuo roce de la mochila, era insoportable. Volvía a sentir húmeda y caliente mi espalda, y sentía como alguna gota, de sangre imagino, corría por mi espalda abajo, empapando mi pantalón por la cintura.
Subía muy despacio, procurando no apoyar el peso sobre la pierna lastimada, agarrandome a los salientes de aquella roca y haciendo descansos en las zonas en las que podía apoyar los dos pies. 
No quería tardar en subir, en breve comenzaría de nuevo a llover, 
y no sería muy agradable que la lluvia me cogiese en semejante esfuerzo.
Por fin llegue a lo alto del acantilado, y la visión que tuve a ras de terreno, según mis ojos se pusieron a la altura del mismo, era espectacular... si miraba hacia atras, abajo, la oscuridad de la roca ...el blanco de la espuma y el gris profundo del mar, reflejo de un cielo en el mismo tono... en cambio, al mirar ya de frente, era el verde más intenso y tupido, el que se hallaba frente a mi, y un poco más adelante otro verde más oscuro, de un gran bosque que daba su inicio, a escasos metros del acantilado.

Para el último esfuerzo me agarre a las briznas de hiervas altas que, desafiando a la gravedad, colgaban hacia el barranco, Y no sin dolor, subí la pierna herida primero, me aupé y quedÉ arrodillado, con la cabeza apoyada en tierra, y besando la hierva sobre la que estaba...

-Síii !!!... Quién dijo que no podría... eh!!??... Quién !!??
Jhajhajhjahaaa.... síiiiiiii !!!!!

Emocionado y con el pulso aún alterado, eché un último vistazo hacia el Cascarón....

- Gracias y hasta la vuelta amigo...A partir de aquí ya no podremos ir juntos... Hasta la vuelta.
Comienzo a andar en dirección  a aquel bosque, ya que es lo único realmente que tengo delante de mis ojos, y lo que quiera que haya, debe estar tras ese bosque.
 Recogo una hierva, la pelo y me la llevo a la boca.
Es una costumbre más, como la de reposar de cunclillas, vista a Bielsa; esta de la hierva en la boca, es una costumbre tal vez heredada de las horas y horas pasadas leyendo primero, y viendo luego en la tele, a Lucky Luck.. el pobre cowboy solitario...
Y mi cabeza, como de costumbre, sobrevuela ese bosque, recordándome a otro, semejante, en el que viví aventuras de leyenda para mí... 


M.B2013