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2013-08-02

Soltando amarras... Con pie y medio en tierra escocesa...

Nada más salir a fuera, fui recibido por una lluvia muy fina en cara y piernas que rapidamente caló, 
y comenzó a escurrir hacia el pecho. La temperatura era agradable,
 y a poco que comencé a moverme por la cubierta,
 dejando bien sujeto cualquier objeto que corriese peligro de caer al agua , 
o peor aún, sobre mí; comencé a sudar.
Me dirigí al timón y lo sujete con fuerza con ambas manos, 
navegaba cada vez más hacia dentro de aquella masa de nubes oscuras, 
 cargadas posiblemente de reproches que echarse unas a otras 
a decir por los truenos que ya comenzaban a escucharse más rotundos a medida que me aproximaba
 más y más a ellas, y por ende, a la isla... 
destino primero de mi previsible largo viaje.
Opté por aprovechar la fuerza del viento favorable, que por momentos me empujaba contra el timón, hasta el momento justo en que debería sacar los remos, y aproximarme poco a poco a los peligrosos y espectaculares acantilados, aún inapreciables en su auténtica majestuosidad...
Recordé en es momento, aquella excursión que realice con mi aita cuando contaba con 7 u 8 años. 
Mochila de tela escocesa  a la espalda, Y a la zona de las antiguas minas a cielo abierto situadas en Gallarta.... 

Quiso demostrar a su aita, que estaba ya hecho todo un montañero, fuerte y sin miedo a nada... así que cuando vio ante sí la oportunidad para hacerlo, no dudo un instante. Se trataba de una empinada cuesta de piedras de distintos tamaños, desde pequeñas como garbanzos, hasta grandes como tres veces él mismo. Había formado con rocas calizas ancladas a firme, un camino por el que normalmente subía la gente que iba por la zona .
Pero a pesar de que su aita se lo advirtió, él quiso subir ese trayecto, a través de las piedras... a pesar de la inclinación, a pesar de su edad...
Comenzó firme la ascensión su aita iba subiendo por el camino, bastante más adelantado que él.
Según ascendía iba separandose del camino, sin duda intentando esquivar las partes mas inclinadas, casi verticales, en las que se agarraba a alguna piedra de tamaño medio grande para no rodar en abalancha hacia abajo.
El miedo ya habia pasado a traves del terreno que pisaba, y por sus piernas corriendo hacia su corazón, que latía cada vez mas veloz, por primera vez en su vida sintió esa cosa... eso que tan familiar le sería a posteriori el resto de sus días.....Sería ese el origen...?... nooo... no?

Solo son 10 segundos..... ....
3....2....1.... Pasó.
Hasta aquel día, cada vez mas convencido de que aquella sería la última vez que tendría esa sensación. Así que arrié la vela, y con rápidos movimientos ... cargado de vida y de fuerza, agarré los dos remos y me coloqué en la bancada, tenía la costa a unos 1400 metros, y como yo pretendía y temía, no distinguía ningún puerto ni luces que indicasen la proximidad de población alguna... 
Miré rapidamente el mapa, y según pude ver, no sin dificultad por las gotas que, por cientos se acumulaban sobre el mapa forrado con plástico de rollo de los de cocina; y pude comprobar que me hallaba en algún punto de la costa entre Dunbar y Eyemouth,
 o eso indicaban los datos por los que me fuí guiando hasta entonces.
Tomé de nuevo los remos y montado sobre olas y corrientes, fuí aproximando el Cascarón a aquellas moles arañadas por el paso de los años y por los azotes de un mar cabreado y un viento furioso que arañan desgarrando la roca que gime y parece llorar en forma de fina lluvia ante su tortura...
Noto en mis mojadas, y arrugadas por el agua manos, el embite de cada ola contra el Cascarón, ladeándome, y obligándome a orientarlo a cada momento, de manera que me lleguen por la popa
para aprovechar su impulso e ir así aproximándome, con extrema precaución a aquellas hojas de sierra que apuntaban a atravesarnos a el Cascarón y a mí...


B.M2013